Origen de la Navidad

Navidad Pagana: ¿Cuál es el origen de lo que hoy celebramos?

24/12/2020
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Unos son más de árbol de Navidad que de Belén, otros prefieren a los Reyes magos antes que a Papá Noel y otros, directamente, se apuntan a todo. Entre luces, fiestas, comilonas y regalos ¿no te has preguntado nunca quién se inventó toda esta parafernalia? Si eres una mente curiosa, quédate a leer este artículo, porque vamos a hablar sobre la Navidad pagana, dos términos aparente contradictorios pero que, como comprobarás más adelante, casan a la perfección.

¿Por qué la Navidad se celebra en Invierno?

Obvio, porque “Jesusito” nació en diciembre… ¿o no? En realidad, en la Biblia no se dice en ningún momento que Jesús de Nazaret naciera un 25 de diciembre. Sin embargo,  culturas anteriores al cristianismo como la celta (S. VIII – I A.C) o en la romana (750 A.C), se celebraban con diferentes rituales los solsticios, tanto de verano como de invierno.

Por ejemplo, en Roma, el 25 de diciembre correspondía a la Fiesta del Sol Invictus, y los celtas, alrededor de ese mismo día, celebraban el solsticio de invierno con la festividad de Yule, donde se cerraba un ciclo de vida en la Tierra y se abría otro. Como ves, todo va de acabar y volver a empezar, quizás por aquello de que los humanos necesitamos más de una oportunidad en la vida para hacer bien las cosas… quién sabe.

Esta época, también era momento de agradecer a las divinidades, sobre todo, por las cosechas y los nacimientos, por eso, se realizaban banquetes, bailes y ofrendas, en ocasiones un tanto sangrientas, a las deidades correspondientes. En Roma, en torno al 15 de diciembre, se desarrollaban las Saturnalias, en honor a Saturno, dios de las cosechas, y en Grecia, que poco se habla de ella, se festejaba la Háola, un auténtico homenaje a Ceres, la diosa del campo y la fertilidad.

Mitología Nórdica y Celta: aquí empezó todo despiporre navideño

¿Qué sería de la Navidad sin las luces de colores, los regalos, las cenas y ese misterioso “espíritu navideño”, que, aunque algunos dicen que lo han perdido, se niegan a renunciar a todo lo demás?

Los responsables de toda la simbología y detalles que envuelven esta época y la convierten en la más especial del año no son las multinacionales ni los spots publicitarios de colonia; son los antiguos celtas.

El solsticio de invierno, tras haber dado paso a la época más oscura del año con Samahin, inaugura a Yule, el momento en que la tierra más se aleja del Sol y comienza el inicio de un nuevo círculo. Aunque esto era algo muy positivo, era inevitable pasar por la noche más larga del año, lo que implicaba protegerse de ciertos espíritus no muy recomendables e iluminar el camino a los buenos. ¿Y cómo se hacía esto? Manteniendo un tronco encendido durante toda la noche: el tronco de Yule, el mismo que ha acabado siendo el típico tronco de chocolate navideño.

También se hacían sacrificios y banquetes en honor al dios Thor (Dios del trueno, la guerra y las cosechas) y a la diosa Freya (encargada de asegurar la sucesión de herederos en la comunidad). Como bien imaginarás, de aquí surge la magnífica idea de comer, cenar y “recenar” con toda la familia, primos segundos y concuñados incluidos.

El árbol de Navidad y los regalos ¿Hay algo más pagano que estos dos símbolos navideños?

Tanto árboles ornamentados con peor o mejor gusto como regalos más o menos acertados son indudablemente grandes protagonistas navideños. ¿De dónde vienen éstos? Que sepamos, tampoco aparecen en las Sagradas escrituras.

Pues bien, el árbol de Navidad, es otro de los símbolos de la antigua mitología nórdica que ha llegado hasta nuestras casas. El abeto, por tener siempre las hojas verdes, simbolizaba la vida eterna, y de él se colgaban diferentes adornos, como piñas y frutos silvestres en representación de los nueve mundos entendidos por los antiguos celtas: el de los muertos, los gigantes, las hadas y seres de luz, los humanos, las tinieblas,  los dioses, la guerra, el fuego y el de los enanos. Pasadas estas festividades, el árbol se quemaba.

En cuanto a todos los demás adornos, hojas de acebo, hiedras, coníferas y otros ornamentos hechos de metales, se utilizaban para proteger los hogares de los malos espíritus en los días más oscuros del año.

Y por fin llega lo que todos estábamos esperando, los regalos, ese quebradero de cabeza que acabamos solucionando dos días antes de la fecha límite, pero que, seámos sinceros, nos encanta, aunque solo sea por sentir crujir el papel metalizado en nuestras manos.

Orígenes de Santa Claus y el Grinch

En la antigua tradición Celta, de la que el pueblo romano adaptó multitud de ritos a la suya, existía el llamado Holly King, un druida con ciertos poderes sobrenaturales que, por estas fechas, repartía el botín que él mismo recolectaba durante el año entre los aldeanos. Este personaje se ilustraba vestido con hojas de muérdago, siempre acompañado por sus fieles renos y se consideraba el progenitor del frío y el invierno. En realidad, no fue hasta 1822 cuando aparece Santa Claus tal y como hoy lo conocemos.

La figura del Krampus: no todo es luz y diversión

En contraposición a este ente benévolo, mitad humano mitad fantástico, que hacía regalos al pueblo llano, existía el Krampus. Aunque este personaje se definió con nombre y apellidos en el siglo XVIII, la idea viene de mucho antes, cuando se creía en la existencia de un demonio morador de las montañas que sólo se dejaba ver por estas fechas para llevarse con él a los niños malos.

Navidad en la Edad Media: se acabó el paganismo

Aunque en la Biblia se da a entender que el nacimiento de Cristo tuvo lugar en primavera, entre los siglos III y IV, los altos mandos de la Iglesia Cristiana decidieron dar un giro de tuerca a todas estas tradiciones y creencias paganas. Por supuesto, no se podía tolerar ningún rito que no estuviera recogido en las santas escrituras, así que no hubo más remedio que trasladar el cumpleaños de Cristo a diciembre y sustituir con él a las antiguas Saturnalias, Yule, etc.

De esta manera, la iglesia absorbió las tradiciones paganas y las modificó a su antojo. Así, el nacimiento pasó a ser la excusa perfecta de todas estas celebraciones, el portal de Belén se convirtió en el escenario principal y más reconocible para el pueblo (un pesebre), los regalos de los Reyes Magos sustituyeron al desvergonzado druida, vestido indecorosamente con hojas del bosque, y los banquetes se centraron en el sacrificio del cordero, símbolo de la expiación de los pecados.

Ahora que hemos hecho un breve recorrido por la historia de la Navidad y que sabemos de dónde viene, ¡sigamos festejando, feliz Navidad a todos nuestros lectores!

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Categorizado en: Ciencias de la educación

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