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Automedicación. Beneficios versus riesgos

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17/05/2016

La Organización Mundial de la Salud definió la automedicación como la “selección y uso de los medicamentos, que no requieren prescripción, por parte de las personas, con el propósito de tratar enfermedades o síntomas que ellos mismos pueden identificar”. La automedicación es un hecho habitual en la población, el cual puede suponer una serie de beneficios o dar lugar a problemas de salud tanto individuales como comunitarios.

Los medicamentos son un gran avance para la curación de enfermedades, sin embargo, hay que tener mucho cuidado en la forma de emplearlos. Los grupos terapéuticos susceptibles de ser utilizados de forma incorrecta son, principalmente, los analgésicos, AINEs y antibióticos.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más del 50% de los medicamentos se prescriben, dispensan o venden de forma inapropiada, además la mitad de los pacientes no siguen la indicación médica. Esta práctica incorrecta puede desembocar en un uso excesivo o deficiente de los medicamentos.

Beneficios y riesgos de la automedicación

La automedicación responsable, con medicamentos que se pueden adquirir sin receta, puede ser conveniente si se emplea para el tratamiento de síntomas menores, como dolor o acidez de estómago, y durante un tiempo limitado. Un ejemplo de fármacos de este tipo son los analgésicos y antinflamatorios no esteroideos (AINEs). Se suelen utilizar para aliviar multitud de molestias y pequeños problemas de salud que se presentan de forma habitual, desde la propia autonomía de un individuo bien informado en el uso seguro de medicamentos. Esta forma independiente de tomar medicamentos, es complementaria y compatible con la labor profesional de los médicos. La posibilidad de la automedicación de las enfermedades más comunes constituye una forma de desahogo para el sistema sanitario, y por tanto, se podrá dedicar más tiempo y esfuerzo al estudio, tratamiento y prevención de las enfermedades más graves que requieren intervención médica.

Sin embargo, si el paciente no está informado adecuadamente sobre estos medicamentos, pueden ocurrir de forma frecuente, errores asociados, como alergia, intoxicación, infecciones e incluso la muerte. En niños, embarazas y adultos, por su situación especial, suelen darse los problemas más graves, por eso es totalmente desaconsejable la automedicación en estas etapas de la vida.

Existe un consumo masivo de analgésicos en la población en todos los grupos de edad y para diversas patologías. Sobre todo Paracetamol, Ácido acetilsalicílico, Metamizol y Clonixinato de lisina, suponiendo más de un envase por habitante al año. Uno de los efectos adversos más habituales es la nefritis intersticial, atribuyendo al consumo de analgésicos el 11% de todos los casos de Insuficiencia Renal. Estos se emplean junto a los AINEs, sobre todo, en el tratamiento del dolor, siendo ésta la primera causa de automedicación.

El grupo de Antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), se emplea alternado con los analgésicos. Su efecto adverso principal es la hemorragia digestiva alta. En el caso de las cefaleas, en muchas ocasiones no se acierta en la valoración clínica y terapéutica y el medicamento no consigue controlar el dolor, por lo que los pacientes tienden a probar diferentes opciones, distintas a la de la prescripción médica y en dosis incorrectas.

Automedicación de Antibióticos

Sin embargo, otros fármacos solo es posible adquirirlos con receta porque necesitan un control por parte de los profesionales de la salud. En el grupo de los antibióticos, es donde se encuentra el mayor problema,  pues solamente el 6.5% de los pacientes adultos y el 30.3% de los niños cuyos médicos les han recetado un antibiótico, cumplen la posología y la duración adecuada del tratamiento. La mayoría abandonan el mismo al notar mejoría y más adelante utilizan lo que les sobra de estos envases, haciendo un mal uso de la medicación. Teniendo en cuenta que el 88% de la población española recibe antibióticos al menos una vez al año, hay una elevada probabilidad de errores. La aparición de resistencias es el principal riesgo. Las bacterias se hacen resistentes a los antibióticos desarrollando mecanismos de defensa que impiden al antibiótico ejercer su mecanismo de acción. Los principales mecanismos de defensa son: inactivación del antibiótico por enzimas producidas por las bacterias (es el caso de la amoxicilina), modificaciones genéticas en las paredes de las bacterias que impiden el paso del antibiótico al sitio de acción o expulsan por transporte activo el antibiótico una vez penetra en el organismo; o la alteración del sitio de acción bacteriano, lo que impide la acción del antibiótico. Ante una infección el médico debe detectar la causa, sopesar si realmente hay necesidad de tratamiento específico, tomar las muestras previas al tratamiento, pensar qué antibiótico es activo contra los patógenos sospechados, asegurar que puede llegar en cantidades suficientes al lugar de la infección y que tenga un precio aceptable.

Por tanto, la automedicación con fármacos de venta sin receta es adecuada en caso de conocer los síntomas, siempre que se produzca de forma inteligente y sin sobrepasar la dosis y el tiempo de tratamiento. Sin embargo, para síntomas mayores o desconocidos y fármacos que se adquieren  con receta, es indispensable visitar al médico y seguir su prescripción de forma adecuada. En cualquier caso, es muy importante tener clara la información sobre el tratamiento que se va tomar y resolver toda duda antes de salir de la consulta del médico, o preguntar al farmacéutico cuando vaya a adquirir la medicación, para así evitar futuros problemas relacionados.

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Categorizado en: Salud

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