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El origen de la RSC y la esperanza de vida de las empresas

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04/11/2016

Si rastreamos los orígenes inmediatos de la mundialmente conocida como Responsabilidad Social Empresarial o Corporativa (RSC), podemos encontrar un libro de finales del siglo pasado, considerado hoy día como un clásico de la literatura relacionada con la administración y gestión empresarial,  se trata de The Living Company, de Arie de Geus.

De Geus, era un alto directivo en una importante multinacional petrolera y el año en que esta cumplió un siglo de existencia, formó un equipo dirigido por él mismo, cuya misión consistía en analizar con profundidad a un grupo de empresas que tenían más de un siglo de antigüedad y sobre todo, tratar de comprender el éxito de su supervivencia.  La información obtenida durante su labor de investigación, le sirvió para escribir posteriormente, su libro The Living Company, donde manifestaba que lo más sorprendente,  era la tremenda diferencia entre la esperanza de vida y la vida media de las empresas. Es decir, mientras que había un número reducido de compañías con más de un siglo de vida (a veces hasta setecientos años de antigüedad), la inmensa mayoría de las empresas, desaparecía tras unos pocos años de existencia, generalmente menos de veinte o alrededor de cuarenta en el mejor de los casos y eso sin contar aquellas, que desaparecían en sus dos primeros años de funcionamiento.

La conclusión a la que llegó de Geus es que “las compañías mueren porque sus directivos se centran exclusivamente en producir bienes y servicios, y se olvidan de que una empresa es una comunidad de seres humanos que está en el mundo de los negocios, cualquier negocio, para permanecer viva”. Esta es una idea fundamental para el concepto actual de RSC.

El estudio se centró en veintisiete empresas europeas, norteamericanas y japonesas centenarias. De Geus y su equipo observaron que todas ellas compartían cuatro rasgos que las aproximaban a sistemas vivos (de donde se derivó el título del libro).  Esos cuatro rasgos son:

  • Sensibilidad respecto al entorno. Una vez que una empresa se consolidaba, a través del conocimiento de las innovaciones tecnológicas y del acceso a los recursos necesarios para su producción, lo importante era permanecer en armonía con el entorno que las rodeaba, (otra idea fundamental de la RSC actual), sabiendo cómo adaptarse a los cambios que se producían como depresiones y crisis económicas, guerras, revoluciones tecnológicas, inestabilidad política, desastres medioambientales, etc. En resumen, sabían como reaccionar en el momento oportuno, a los cambios sociales y  del entorno en los que estaban inmersas y eran capaces de anticiparse, aprender y adaptarse a las variables que se iban desarrollando.
  • Conciencia de su identidad y fuerte sentido de pertenencia. Toda gran organización, tiende con el tiempo a la diversificación, pero en el caso de estas empresas centenarias, por muy distintas que fueran sus actividades y sus líneas de negocio, tenían algo en común: sus empleados sentían que todos formaban parte de una única entidad. Sus directivos solían ser escogidos entre sus componentes, habiendo ocupado previamente, puestos de distinta responsabilidad en la misma empresa a lo largo de su vida laboral, lo que les aseguraba un conocimiento exacto del funcionamiento de la misma. Además todos se consideraban gestores de una compañía con una larga y honorable historia a sus espaldas. Desde ese punto de vista, su prioridad era mantenerla en un estado, al menos tan bueno, como en el que tenía cuando iniciaron el ejercicio de sus responsabilidades.
  • Tolerancia a las nuevas ideas. En contra de lo que pudiera parecer, este tipo de empresas son especialmente tolerantes a actividades marginales y atípicas, con experimentos que les permitían ampliar sus conocimientos y sus posibilidades de aprendizaje. Reconocían abiertamente, que los nuevos negocios podían ser totalmente diferentes a sus negocios actuales y que no había necesidad de controlar de forma centralizada, el comienzo de un nuevo negocio. De hecho muchas de estas empresas centenarias, habían cambiado sus líneas de negocio principales numerosas veces a lo largo de su existencia.
  • Conservadurismo financiero. Eran sobrias económicamente hablando y no arriesgaban innecesariamente su capital. Todas tenían un sentido tradicional del dinero, es decir, eran conscientes de la utilidad de tener reservas de efectivo. Esa liquidez les permitía aprovechar las situaciones e invertir en oportunidades cuando sus competidores no podían, sin necesidad de tener convencer a terceros en busca de la financiación necesaria, ni de aceptar condiciones que no fueran las suyas propias. Este capital acumulado, les permitía gobernar su crecimiento y evolución y mantener su independencia.

De Geus en su estudio, contrastaba los valores de la “empresa viviente”, que tiene como meta básica la supervivencia y el progreso a largo plazo, con los de la “empresa convencional”, cuyas prioridades vienen determinadas por criterios financieros muy limitados y a muy corto plazo. En el primer tipo de empresa,  la visión a largo plazo del negocio y las personas, están por encima de todo lo demás (de ahí su vinculación directa con el desarrollo de la RSC). En el segundo tipo, las personas son simples piezas de un sistema, cuyo único objetivo es generar beneficios en forma de dinero, de manera rápida y constate. Según The Living Company, el primer tipo de empresa tienen altas probabilidades de llegar y superar el centenar de años, en las del segundo tipo, esa posibilidad es bastante más reducida.

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