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Cómo se origina el Estrés (II)

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04/05/2015

mujer estresadaVimos en un post anterior, que el estrés se originaba por la activación involuntaria del “mecanismo lucha o huye”. Un acto reflejo inherente a nuestra especie, que se activa en momentos donde percibimos una cierta amenaza en nuestro entorno, representando un problema para el que a priori no tenemos suficientes recursos. Veamos ahora los cambios biológicos, que se desencadenan tras esta activación. En esencia y de manera muy resumida, el mecanismo de activación del estrés es el siguiente:

El cerebro ante una situación determinada decide si es o no amenazante y, por tanto, si es estresante. Esta “decisión” como hemos visto, es prácticamente un acto reflejo y automático,  no es un acto racional y voluntario. En caso de que interprete que la situación es estresante, el hipotálamo estimula la hipófisis y, ésta a su vez, las glándulas suprarrenales que liberan las “hormonas del estrés”: la adrenalina,  la noradrenalina y el cortisol. La combinación de las tres hormonas da lugar a las siguientes alteraciones fisiológicas:

  • Aumenta el aporte de glucosa y grasa al flujo sanguíneo para proporcionar más energía.
  • El pulso se acelera e intensifica, sube la presión sanguínea, se acelera el flujo de sangre oxigenada hacia los músculos. Se produce el desvío de sangre oxigenada de otras partes del cuerpo hacia los músculos (se interrumpe o ralentiza la digestión, se adquiere un tono pálido de piel, sequedad en la boca por la interrupción de la actividad de las glándulas salivales, etc.). El cuerpo optimiza sus recursos para hacer frente a la amenaza.
  • La respiración se acelera para captar más oxígeno, a la vez que se comienza a sudorar para reducir la temperatura corporal y poder hacer una actividad muscular continuada.
  • Los músculos se tensan y el cuerpo se prepara para la acción.
  • Los sentidos en general entran en un estado de alerta con las pupilas dilatadas y el oído agudizado.

En este estado el cuerpo ya está preparado para hacer frente a la amenaza,  nuestro “mecanismo lucha o huye” está en estado de activación. Si tenemos delante un  peligro o amenaza real para nuestra integridad física, perfecto,  vamos a necesitar ese mecanismo de activación extra y mucho.  Pero ¿qué pasa cuando esa amenaza no lo es en realidad? ¿cuándo se trata de lo que lo que Cannon llamó “amenazas de naturaleza simbólica”? Y si ¿sólo se trata de entregar un informe en un plazo determinado de tiempo o tenemos una reunión de trabajo algo tensa? Ante estas situaciones, el ”mecanismo lucha o huye” no es válido, es más bien contraproducente, pero se activa de igual  manera.

Cualquier persona que haya pasado por un trance importante de verdad, un suceso traumático, de aquellos que representan un antes y un después en la vida de un ser humano, sabe perfectamente que no es lo mismo un suceso traumático que un suceso no traumático, como el retraso en la entrega de un informe.

En este tipo de situaciones se suelen dar dos modelos de respuesta:

  • La primera: no se supera el hecho, el “estrés postraumático” hará que la persona reviva una y otra vez en su mente esa situación. Por tanto se repetirá una y otra vez la situación de estrés y la tensión que tuvo por respuesta, aunque la amenaza no siga ahí, nuestro cerebro interpreta que si.
  • La segunda: se racionaliza y se supera, es decir, se valoran las amenazas o lo que se cree que es una amenaza en su justa medida y en consecuencia, la respuesta del organismo será también proporcional a la amenaza. Dicho de otra forma, se valora racionalmente la situación, se responde racionalmente y se descansa racionalmente después de haberla superado.

Por supuesto,  esto es más fácil decirlo que hacerlo. Ya comentamos que el estrés es un mecanismo de defensa reflejo y no se desactiva un mecanismo de defensa reflejo fácilmente. Pero no se trata de desactivarlo, se trata de racionalizarlo, de alguna forma de “reconducirlo”, de que ese estrés nos ayude y no nos bloquee, es decir, hay que convertir el estrés negativo en positivo y sobre todo saber desactivarlo a tiempo, algo que veremos en las próximas semanas.

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