Bioeconomía

La RSC para el autónomo y pequeñas empresas

Número de visualizaciones
05/11/2014

Según diversos estudios, la responsabilidad social corporativa (RSC) va a convertirse en pocos años en uno de los principales elementos en los juicios de valor que usarán los consumidores, aunque ello no implica que también algunos de los consumidores actuales (millennials) lo tengan muy en cuenta cuando valoran si deben de confiar o no en una empresa.

Este hecho se constata en el compromiso cada vez mayor que están adquiriendo muchos consumidores respecto al origen y procesos de producción de aquello que compran. Por tanto es lógico que en búsqueda de una mayor ética profesional, las empresas trabajen para ser transparentes respecto a todos sus movimientos y acciones en los mercados en los que actúan. Este hecho es uno de los pilares fundamentales de la RSC, pero no su totalidad. Ya que la responsabilidad social corporativa también implica una responsabilidad ambiental, y trabajar de manera para que esta se equilibre junto con las dimensiones económicas y sociales de las compañías.

La retroalimentación de las pymes y autónomos

La RSC se antoja una práctica poco usual para los autónomos y las pequeñas empresas debido en parte a la poca experiencia de los pequeños empresarios para tratar estos temas. Sin embargo, se sitúan en una posición mucho más ventajosa respecto a las grandes compañías a la hora de aplicar políticas que vayan encaminadas a fomentar el equilibrio en el entorno en el que se sitúan.

Por ejemplo, uno de los “puntos fuertes” de las políticas de RSC que pueden llevar a cabo los autónomos y pequeñas empresas se puede basar en la reinversión de los beneficios. Mientras que las grandes compañías suelen reinvertir aquello que generan en otros lugares diferentes de donde han obtenido el dinero (centros de producción lejanos a las zonas de consumo, investigación y desarrollo externalizada en otros países), las pequeñas empresas (debido también a menor capacidad de investigación) reinvierten en las zonas de donde obtienen los beneficios. De este modo, son los pequeños empresarios los que pueden generar un círculo de consumo basándose en la colaboración de ambas partes.

Beneficio a los proveedores locales

Otro ejemplo claro de política activa en este ámbito es la transparencia respecto a los proveedores de estas empresas o la procedencia de sus materias. Son las multinacionales las que, basándose en economías de escala, tienen acceso a proveedores que poco o nada conocen los consumidores finales de los productos. En cambio,  los pequeños empresarios y autónomos trabajan en una mayor medida junto con proveedores locales, generando “riqueza” indirecta en la zona de ámbito de su organización, lo que también aumenta las posibilidades de que los consumidores del producto se vean beneficiados respecto a esta generación de riqueza.

Mayor atención al cliente

Por último, una fórmula también factible a practicar por la pequeña empresa tiene relación con las políticas de ayudas y beneficios para el entorno. El trato al cliente y nivel de “conexión” con el entorno que tiene el autónomo o pequeño empresario es difícil de igualar por la multinacional o gran empresa. Sobre todo, se debe al hecho de convivir con el cliente, conocer sus preocupaciones, problemáticas y día a día. De esta forma, cuando la empresa quiere devolver a la sociedad parte del beneficio que ha obtenido de ella, podrá ejercer prácticas más eficientes en este sentido.

Con estos ejemplos queda claro que la RSC no es solo un tema de las grandes compañías, sino que toda organización puede contribuir de forma tangible a equilibrar todas las dimensiones de la sociedad.

0
Categorizado en: Management e Innovación

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Descubre MasterClass de INESEM. Una plataforma en la que profesionales enseñan en abierto

Profesionales enseñando en abierto