ladrillo

La cultura del ladrillo

Número de visualizaciones

POR

Jesús Martín Barranco
Diplomado en Trabajo Social (UGR-2012) y máster en Intervención Psicoterapéutica Cognitiva-Social (UNED-2013). Más de un año de experiencia en intervención con personas drogodependientes. Gran interés por la política social y la economía, siempre orientada al activismo comunitario en pos del desarrollo social.

“Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compac-discs y abrelatas eléctricos. Elige la salud; colesterol bajo y seguros dentales, elige pagar hipotecas a interés fijo, elige un piso piloto, elige a tus amigos”

(Mark Renton, Trainspotting)

Nuestra educación siempre ha sido enfocada hacia la vida estable. Adquirir formación con la que abrirnos paso en el mercado laboral, encontrar un trabajo y asentarnos en él. Tener un sueldo que nos permita mantenernos, crear una familia y prosperar en una vivienda de nuestra propiedad, que esté cerca de la familia a poder ser. El banco incluso nos dará crédito de más, para los muebles y quizá un coche. “Ser feliz a plazos”, como diría mi gran amigo Raúl Ruiz Sola, economista y excelente persona. ¿Es posible seguir con esta tendencia hoy día?

La respuesta lógica sería un no rotundo. Tras el batacazo que ha supuesto la explosión de la burbuja inmobiliaria de la que se ha nutrido la economía española durante las últimas décadas, deberíamos haber aprendido la lección y ser conscientes de que nadie da “duro por peseta”. Las consecuencias de esta crisis, en términos hipotecarios, la sufren miles de familias que fueron desahuciadas de sus “hogares provisionales”, y digo provisionales porque la vivienda hipotecada nunca será nuestra hasta que terminemos de pagar la deuda contraída, intereses sumados. En caso de que nos retrasemos en el pago, como todos sabemos, el “hogar provisional” pasaría a ser propiedad del banco y nosotros seguiríamos pagando nuestra deuda cargada de altos intereses. ¡Vaya un negocio!

Aunque yo soy partidario del arrendamiento de viviendas, quizá porque siempre me han educado para que gaste menos de lo que realmente tengo, también acepto que la financiación de las entidades bancarias es necesaria. Es decir, entiendo que los bancos son un mal necesario, pues contribuyen a la consecución de proyectos personales (ya sea vivienda o negocio) gracias a las líneas de crédito que establecen. Respeto la postura del que considera que puestos a pagar un alquiler, mejor pagar otro tipo de cuota mensual que me permita obtener la vivienda finalmente en propiedad, aunque no lo comparta. Ahora bien, dadas nuestras prácticas poco conscientes de endeudamiento para hacer negocio inmobiliario – y especulativo – nos hemos embarcado en segundas hipotecas, sin ninguna necesidad. La picaresca española, alcanzar la riqueza con el mínimo esfuerzo, se ha vuelto en nuestra contra, como si de una especie de karma se tratase. El resultado ha sido un largísimo listado de viviendas en propiedad de los bancos, viviendas de nueva construcción totalmente desiertas y cementerios de ladrillos a medio colocar. Nuevos constructores totalmente arruinados, que han pasado del lujo a la hambruna de la noche a la mañana, y toda una generación de pícaros que se alistaron al pelotón del palustre y que volvieron a las aulas en busca de asilo tras el varapalo.

El mercado inmobiliario aún sigue luchando por salir a flote. Son cientos de miles las viviendas que aún siguen vacías, y los propietarios (particulares o entidades bancarias) esperan el momento en el que puedan venderlas al mejor precio para recuperar todo el dinero posible. Sacar beneficios es impensable, pero parece que la lucha esté surtiendo efecto y el mercado inmobiliario vuelva a florecer. En cifras concretas, el año 2014 ha comenzado con un descenso del 23,2% con respecto al mes de enero del pasado año, pero lo cierto es que en el año 2013 se transmitieron únicamente un 2,2% menos de viviendas que en el año 2012, por lo que la cifra no es tan negativa si tenemos en cuenta la falta de financiación. De hecho, solo un tercio de las viviendas compradas se hace gracias a una hipoteca, lo que significa que más del 60% de las compras se pagan al contado. Este dato dice mucho del perfil de los compradores.

Además de este repunte en la compraventa de viviendas, la inversión inmobiliaria en España aumentó un 50% el pasado año, ascendiendo hasta los 2.700 millones de euros frente a los casi 1.800 millones del año 2012, según el informe “Internacional Investment Altas 2014” elaborado por Cushman&Wakefield. ¿Cómo podemos interpretar estos datos? ¿Qué conclusiones podemos sacar? No debemos adelantar acontecimientos, ni mucho menos, pero lo cierto es que España sigue siendo uno de los principales atractivos europeos en cuanto a inversión en ladrillo se refiere. Según el informe “European Real Estate Investor Intentions 2014”, elaborado a partir de las opiniones de 400 inversores europeos, el 19% de estos aseguran estar interesados en inmuebles situados en territorio español. Las viviendas, con un precio cada vez más a la baja, son vistas como buenos productos que poder pagar en efectivo, por lo que muchos ahorradores eligen una vez más el ladrillo para mejorar el beneficio en vez de apostar por otros productos bancarios. ¿Quizá para poder vender a mayor precio cuando el mercado mejore? Del mismo modo, también comienzan a avistarse movimientos en suelo, en parcelas que comienzan a ser edificadas, aunque a un precio razonable, lo que permitiría establecer precios de mercado para las viviendas que también fuesen razonables.

¿Podríamos estar asistiendo a la reactivación del mercado inmobiliario? ¿Sería posible que volviésemos a cometer los mismos errores del pasado y volviésemos a basar nuestra economía en el ladrillo? Puede parecer descabellado, pero no me extrañaría en absoluto que volviese a ocurrir, pues las posibilidades de la economía española son muy limitadas. Desde la Junta de Andalucía, por ejemplo, con Susana Díaz a la cabeza, se anunciaba hace pocos días la creación de un nuevo decreto legislativo que facilite a los ayuntamientos reducir los plazos de tramitación de los planeamientos urbanísticos. ¿Cuál será la intención de alcanzar este objetivo? ¿Piensan nuestros políticos basarse en la cultura del ladrillo para mejorar la situación económica y volver a crear empleo?

El ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. ¡No sé si confiar en que hayamos aprendido la lección!

0

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Descubre MasterClass de INESEM. Una plataforma en la que profesionales enseñan en abierto

Profesionales enseñando en abierto