El potencial del contrato psicológico

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“Es imposible hacer un apretón de manos con el puño cerrado” Anónimo.

Cuando hablamos de contrato psicológico debemos de tener en cuenta que la relación empresario-trabajador no está compuesta en ningún caso por una sola vertiente, de hecho, hacemos referencia a  dos: el compromiso explícito e implícito. El compromiso explícito se refiere a todo aquello que se puede apreciar con claridad y el implícito cuando se entiende incluido en otra cosa sin expresarlo.

La parte explícita se nutre de los elementos legales que cualquier relación contractual posee y que les son imprescindibles. Hacemos referencia a los conocimientos y la capacidad del trabajador al contrario que la vertiente implícita, ya que esta regula la voluntad, las ganas y la motivación con las cuales lo asume.

La formación del contrato psicológico está compuesta de sucesos del tipo simbólico y real, elementos que se relacionan entre sí a través del esfuerzo y la confianza que el trabajador pone en la relación laboral a cambio del cumplimiento de las promesas del empresario (condiciones laborales, recompensas, pluses, etc.).

Rousseau (1995) define el contrato psicológico, como “un conjunto de creencias individuales que la persona tiene acerca de las obligaciones y beneficios recíprocos establecidos en una relación de intercambio.”

Los beneficios de la implicación del empleado son evidentes ya que se manifiestan mediante la fidelización en las relaciones operativas y organizativas de la empresa, lo que da lugar al aumento de las rentas en la misma.

Cuando se rompe, el empleado se encuentra ante  sentimientos de frustración e ira hacia aquello con lo que se comprometió y contra aquellos que le traicionaron, de modo que los índices de absentismo aumentan de manera alarmante, así como la productividad desciende, lo que acaba por dar lugar a su desvinculación.

En el mundo globalizado en el que nos movemos, podemos observar como existe una cada vez mayor pérdida de valores que se expresan en la escisión de la parte tácita del acuerdo y nunca debemos de olvidar que cuando de capital humano se habla, siempre tendremos en nuestras manos potencial. Que nada separe lo que un buen apretón de manos unió.

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