sistema económico actual: alternativas

Sistema económico alternativo

29/10/2013
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Otra economía es posible. Sí, como lo leen, existen alternativas al sistema económico actual, modelo ortodoxo neoliberalista radical que nos subyuga hasta reducir nuestra existencia a la esclavitud. Porque somos esclavos del capital, y, en consecuencia, de todos aquellos que lo adoran y veneran.

Si están esperando que lo anuncien en televisión, radio o prensa, mejor esperen sentados, pero lo cierto es que otra economía es posible. Nos han hecho creer que no hay alternativas, que solo hay un camino que conduce a la salida de la crisis. Somos títeres en la lucha de poder de la clase política, porque estamos mal informados (unos), o porque nos beneficia el juego (otros). En las aulas de las facultades de Economía de todo el mundo se siguen enseñando los mismos dogmas que nos han llevado a la decadencia. Y lo más interesante es que, pese a las consecuencias de aplicar esos preceptos, no se ha cambiado ni una sola línea de los manuales que divulgan los conocimientos de una ciencia social que ha dejado totalmente de lado su verdadera razón de ser: mejorar el bienestar de las personas.

El objetivo del sistema económico

El objeto de la economía es el estudio de las relaciones de producción, distribución, intercambio y consumo de bienes, servicios e ideas. Lamentablemente, la evolución de una economía secuestrada por la fuerza neoliberal ha desembocado en una producción que no es sostenible, una distribución desequilibrada y el fomento de un consumo desproporcionado e innecesario que nos arrastra a la agonía latente de acumular riqueza que poder intercambiar por bienes. Trabajamos para ganar un dinero que nos permita satisfacer nuestras “necesidades”, reales o inventadas, algo que da un poder desmesurado a ese papel o metal deseado por la inmensa mayoría.

Una nueva sociedad es posible

“Es lógico, pues sin dinero no podemos vivir”, dirán muchos. Y en cierto modo, estoy de acuerdo, pero… ¿de qué tipo de dinero estamos hablando? ¿Del dinero cargado de intereses que fabrican los bancos centrales? ¡No, gracias! Existen otros tipos de intercambio que están libres de intereses. Existen otros tipos de economía. Pero nos limitamos a sobrevivir en un sistema que aborrecemos porque resulta mucho más cómodo. ¡Es hora de reinventarse, de dar el paso! La construcción de una nueva sociedad es posible, pero depende de la colaboración de todos y cada unos de nosotros, y eso es mucho más complicado.

Mercados sin dinero en España

No obstante, existen pequeñas comunidades que ya han comenzado a andar. En contraposición a la absoluta ceguera, muchos ya han caído en la cuenta de que antes de inventar la moneda, en antiguas sociedades (y actualmente también) ya existían modelos de intercambio de bienes que no estaban basados en la deuda, como por ejemplo el trueque. Me gustaría resaltar las iniciativas de “economía sin dinero” que han surgido en Cataluña, entre las que destaca el “mercado de intercambio de bienes” que tiene lugar en el barrio de Gracia (Barcelona), concretamente en la plaza Virreina. En este mercado es posible el intercambio de prácticamente todo tipo de bienes mediante trueque una vez cada tres meses. Sin desplazarnos de ciudad (ni de barrio), encontramos la red de intercambio por internet “Xaingra” (Xarxa d’Intercanvis de Gràcia), que, mediante una lista de correo electrónico, permite entrelazar las necesidades de las 1.500 personas (aproximadamente) que la forman. Tan sencillo como escribir un e-mail aludiendo al bien que necesitas y… ¡algún miembro de la red te lo facilita!

Monedas complementaria al Euro

Otro ejemplo, quizá el más reciente, es la creación de la Red de Moneda Social PUMA por la Asociación “Casa del Pumarejo” de Sevilla. Esta asociación ha creado una moneda complementaria al Euro (PUMA) basada en el sistema de monedas complementarias LETS (Local Exchange Trade System), que no es más que un sistema de intercambio local por puntos. Se ha creado una cartilla en la que se anota el saldo resultante (en positivo o en negativo) de los intercambios que se llevan a cabo, los cuales se publican en una plataforma CES (Community Exchange System). Por lo tanto, accediendo a esta plataforma puedo ofertar un servicio o demandarlo, y el intercambio que surja de esta transacción será anotado en la cartilla creada para tal efecto una vez culminado, que quedará reflejado en PUMAS.

El principal inconveniente que yo considero fundamental es que la Red de Moneda Social PUMA, como otras muchas redes de moneda social, está basada en la confianza. Confiamos en que nadie manipularía sus cartillas para ganar saldo positivo. ¿Alguien considera que esto es posible?

Me gustaría compartir una anécdota que denota el gran problema que supone nuestra cultura a la hora de afrontar cualquier tipo de iniciativa por el cambio. Comentaba entre mis amigos la posibilidad de caminar por sendas alternativas al sistema económico imperante, y puse como ejemplo el caso de la moneda social PUMA. Antes de detenerse a pensar sobre lo que les estaba planteando, ya comenzaban a maquinar una serie de artimañas mediante las cuales poder salir beneficiados. Entonces, lo puse sobre la mesa, y todos cayeron en la cuenta de que estamos educados en unos valores fruto del propio sistema que nos manipula y nos hace danzar al son de su repugnante melodía.

El sistema económico actual nos impone el dinero como sinónimo de felicidad

Somos seres sociales. De sobra sabemos que el dinero no da la felicidad, y si ayuda a encontrarla es porque así nos han educado y así está establecido. Nos han hecho creer que el crecimiento económico es el fin último, la meta a la que debemos dirigirnos. Yo me pregunto por qué. ¿Por qué esa obsesión con crecer y crecer económicamente? ¿Qué sentido tiene acumular tanta riqueza cuando solo la disfrutan unos pocos?

Quizá pueda parecer idílico. Muchos pensarán que hablo de quimeras que se escapan de un mal sueño. Yo, por si acaso, me quedo despierto, cojo el petate y escapo en todo lo posible de este podrido sistema.

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Categorizado en: Intervención Social

2 Comentarios

  1. Marisi dice:

    Te doy mi más sincera enhorabuena por este artículo. Ya era hora de leer en algún medio que el cambio existe, sólo necesita de unos parámetros generadores de movimiento, movimiento con sentido.

    Nos hemos convertido en esclavos del capital, estoy de acuerdo, pero casi más que del capital de los intereses generados por este. En este mundo ya no es necesario realizar ningún tipo de trabajo para obtener un beneficio a cambio, ahí reside uno de los principales problemas financieros y monetarios del momento. El sistema capitalista se está agotando. Muestra de ello pueden ser las sucesivas crisis económicas que venimos sufriendo en las últimas décadas, cada vez con más frecuencia. La crisis del petróleo de los años 70, sin duda, es el punto de partida de la actual, pese a que nos quieran hacer creer que esto es cuestión de los parches puestos por gobiernos anteriores, que también.

    Sin lugar a dudas, existen alternativas. Tu hablas del PUMA, una idea bastante interesante cuando se conoce. Podría mencionar otros como “locavors” o pequeños comerciantes locales, que hacen de su trabajo una labor un poco más justa con la humanidad. Lo que une a este tipo de experiencias que podrían ser realidades, es la confianza que las personas que los utilizan les confieren. El sentimiento de pertenencia a un grupo en el que se persiguen los mismos objetivos, hecho que tiene especial relevancia a la hora de humanizar las relaciones económicas.

    Hemos perdido el sentido o la dirección, bajo mi punto de vista. En este mundo todo puede medirse, comprarse y venderse. De ahí que la riqueza de un país se mida con el PIB y no con índices más humanos o cercanos a la realidad que los ciudadanos afrontan cada día y que a fin de cuentas, es lo que verdaderamente importa.

    El cambio está en nuestras manos y debemos creerlo. Nuestra situación no es buena, por decirlo de algún modo, pero este no es el único problema. El resto de países que no poseen unas estructuras económicas tan “potentes” se están viendo afectados desde siempre por las decisiones que desde nuestras esferas se toman: la desregularización, liberación y privatización traspasa fronteras y afecta a países que ni siquiera han tenido la oportunidad de vivir fuera de la crisis. Hemos olvidado que nuestras economías adquirieron el poder que hoy tienen bajo sistemas de protección y paternalismo, y ahora vendemos el capitalismo como lo que siempre se ha hecho, la panacea.

    Con esto quiero decir, que ya no es sólo el impacto que en nuestras vidas pueda tener este sistema corrosivo, sino que estas decisiones van más allá y empobrecen,aún más si cabe, los mecanismos de desarrollo de países que también tienen derecho a gozar de un nivel de progreso económico, poítico y social.

    Un saludo y enhorabuena de nuevo.

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    • Jesús Martín Barranco Jesús Martín Barranco dice:

      Una reflexión profunda, y cargada de fundamento. Como bien dices, la década de los 70 fue el punto de inflexión, el olvido de las consecuencias de una crisis económica sin precedentes (la Gran Depresión de 1929). Lo cierto es que reivindicamos cambios, vociferamos exigiendo alternativas, pero nuestra posición “privilegiada” en el “primer mundo” es consecuencia del colonialismo, de genocidios y de subordinar a pueblos enteros bajo nuestra visión etnocéntrica del mundo. Nuestra expansión económica en detrimento de pueblos que vieron violados sus derechos, y no solo como ciudadanos, sino como seres humanos.

      Solo vemos los problemas cuando nos afectan en primera persona. Este es el principal problema de nuestra cultura.

      Muchas gracias por tus comentarios, pues son muy enriquecedores. Un saludo.

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