Comportamientos agresivos en TEA

Comportamientos agresivos en TEA. ¿Cómo intervenimos?

26/03/2018
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¿Cuántas veces hemos escuchado palabras como las siguientes haciendo referencia a niñas, niños y jóvenes con Trastorno del Espectro Autista (TEA)? ¿Por qué afirmamos que existen comportamientos agresivos en TEA?

Son agresivos, poco cariñosos, no quieren tener amigos, les gusta estar aislados, no se comunican…

Los mitos sobre distintas enfermedades, ya sean estas neurobiológicas, físicas o psicológicas, son construidos y reproducidos constantemente en nuestra sociedad. Estos mitos se basan principalmente en prejuicios y percepciones caracterizadas por el desconocimiento sobre los distintos trastornos y enfermedades que pueden afectar(nos) y acompañarnos a lo largo de nuestra vida, construyendo muros que evitan que podamos visualizar nuestra realidad y la de las personas que nos rodean con el abanico de posibilidades que realmente puede tener.

El último manual de diagnóstico elaborado por la Asociación Americana de Psiquiatría, DSM-V, reconfiguró el TEA, estableciendo una nueva clasificación (este trastorno se encuentra ahora dentro de la categoría de Trastornos del Neurodesarrollo) e introduciendo dentro de este epígrafe trastornos que anteriormente aparecían de forma independiente en este manual: Síndrome de Asperger, Trastorno desintegrativo infantil, trastorno generalizado del desarrollo no especificado y síndrome de RETT. Así, la nueva versión del manual, sustituye estos subtipos y elimina de esta categoría el síndrome de RETT, estableciendo tres niveles de gravedad en relación con el TEA, y proponiendo el apoyo necesario.

Más allá de las críticas que podamos plantear a la nueva clasificación planteada por el DSM-V, así como a los criterios para el diagnóstico, aspecto importante de cara a nuestra formación y el espíritu crítico que debemos cultivar en cualquier ámbito profesional, queremos centrar nuestra atención en uno de esos mitos que se extiende ampliamente en nuestra sociedad, contribuyendo a dificultar nuestras labores de intervención en caso de encontrarnos con estudiantes diagnosticados con TEA: "Las personas con TEA son agresivas".

Las personas diagnosticadas con TEA, pueden presentar distintas conductas heteroagresivas y autoagresivas, pero esto no quiere decir que sean agresivas. Más allá de establecer características que cosifican a las niñas y niños con los que trabajamos, los profesionales de la educación debemos aprender a comprender el origen de estos comportamientos agresivos en TEA, qué los desencadena y cómo afrontarlos, entendiendo que se trata de comportamientos que forman parte de distintas fases del desarrollo de la persona.

Es lógico, que ante estas conductas, a veces, como profesionales no sepamos cómo reaccionar, en parte debido a que tampoco comprendemos el motivo de esta reacción, ni sabemos explicar el origen que puede tener el enfado que presenta la persona.

Recientemente terminaba de leer el libro “El hombre que recogía monedas con la boca” (lectura que sin duda recomiendo a cualquier profesional de la educación o familiares de personas diagnosticadas con TEA), en la segunda parte de este libro, su autora, una maestra de educación primaria que tuvo la enorme suerte de cruzarse en su camino con un alumno diagnosticado con TEA, Daniel, nos explica la importancia de acercarse a estas conductas, afrontarlas y enfrentarlas desde una óptica profesional abierta a la indagación y, sobre todo, encaminada a comprender a la persona con la que trabajamos y compartimos el día a día.

Como profesionales, debemos entender que las personas con TEA, viven la realidad de forma diferente a como la enfrentamos el resto de personas, “[Es] como si tuviéramos una programación distinta de los demás, como si nosotros fuéramos el Macintosh y los demás Windows”. Así lo definía Cristina, en el documental que os dejamos en este enlace.

Es importante asumir que, en relación a la intervención en distintas discapacidades, así como en la educación en general, “de existir una receta mágica en el ámbito educativo, sería la investigación cualitativa sobre la propia práctica profesional (investigación-en-la-acción) (Guerrero y Zaragoza, 2017, 152).

Para intervenir sobre los comportamientos agresivos en TEA, la única receta es, por tanto, conocer a la persona con la que estamos trabajando, acercarnos a su realidad y a la comprensión que esa persona tiene del mundo que le rodea, hasta encontrar aquellos estímulos que pueden influir en su comportamiento y en su reacción. Para ello, debemos poner entre paréntesis los conocimientos y, o creencias adquiridos hasta ahora, “suspender el conocimiento” para partir de la realidad y el contexto en el que estamos interviniendo.

De forma generalizada, tendemos a paliar estos comportamientos agresivos en TEA con tratamiento farmacológico, pero desde la educación y la intervención social tenemos que manejar técnicas adaptadas a nuestros ámbitos de acción, ya que no siempre podemos disponer y depender de la farmacología o esta no tiene por qué ser el primer paso de la intervención.

Técnicas como el “tiempo fuera”, la economía de fichas y otras derivadas de metodologías de intervención en TEA (Método ABA, TEACCH , Guía Portage, agendas visuales, scripts sociales, programas para trabajar las funciones ejecutivas, programa habilidades sociales  de Miguel Ángel Verdugo o el de Goldstein, Programa de Lovaas, etc.), pueden sernos muy útiles en nuestro día a día, pero ninguna de ellas resolverá por sí sola los problemas que puedan presentarse durante las clases, si no somos capaces de comprender y hacer comprender al resto de compañeras y compañeros de clase, como nuestras propias actitudes pueden influir en el comportamiento de un alumno con TEA. Es importante, por tanto, tener en cuenta que el alumnado con TEA, también  “necesita sentirse uno más del aula, porque su mayor dificultad es la relación con los demás y es lo que debemos fomentar” (Guerrero y Zaragoza, 2017, 217).

En su libro, Ana Paula describe cómo después de diversas lecturas, entrevistas con profesionales y familiares, y de comprender a Daniel, decidió utilizar las técnicas del método ABA, debido a que era el método que más se adaptaba al chico y al contexto, facilitando las posibilidades de éxito en la intervención. Nos muestra así, como se trata de tomar decisiones basadas en una amplia información, consensuándolas con todas aquellas personas implicadas en la educación de Daniel.

Técnicas y estrategias como el tiempo fuera, la distracción ante conductas repetitivas, economía de fichas, mantener vías comunicativas con asociaciones y profesionales dedicados al trabajo con personas con TEA, integrar la figura de “La sombra” en el aula, ayudaron a que Daniel pudiera reducir el número de conductas heteroagresivas que presentaba en un principio, haciendo que estas desaparecieran, casi por completo a lo largo de 3 años.

Quizás, algunas de las conclusiones que podamos extraer de la experiencia de Daniel y Ana Paula, así como de las diversas investigaciones realizadas sobre educación y TEA en distintos contextos, para la intervención en los comportamientos agresivos en TEA, puedan venir representadas por:

  • Establecer contacto directo con la familia del chico, para acercarnos a su realidad, y extraer información que pueda darnos pistas sobre aquellas cosas que debemos controlar respecto a su entorno.
  • Trabajar nuestra paciencia, siendo conscientes que nunca será fácil transformar esos comportamientos agresivos en TEA y que podrán presentarse en distintos momentos del desarrollo personal del niño, dependiendo de su propia situación vital y de los estímulos que les rodea.
  • Investigar, leer, acercarnos a las distintas técnicas de intervención que nos han proporcionado las investigaciones científicas, seleccionando aquella que más se adapte a nuestra realidad educativa.
  • No huir de las posibilidades que nos brinda el trabajo desde una educación inclusiva, demandando una mayor atención humana para poder intervenir en el aula y haciendo partícipes al resto de compañeras y compañeros invitándoles a comprender las situaciones complicadas que puedan presentarse.
  • Acercarnos a otros profesionales y asociaciones dedicadas al trabajo con personas con TEA.
  • Respetar los ritmos de adaptación y aprendizaje de cada estudiante, comprendiendo que para una persona que tiene un diagnóstico de TEA, todo cambio supone un nuevo reto que debe interiorizar lentamente.
En internet, podemos encontrar multitud de documentales que nos acercan a la realidad de las personas con TEA, os dejamos algunos que consideramos interesantes:El laberinto del autismo: https://www.youtube.com/watch?v=zgpqcaIa5bEAprendiendo las reglas: https://www.youtube.com/watch?v=EJYhWnXXpf8Autismo, competir con uno mismo: https://www.youtube.com/watch?v=ZzH4-qMFYdo

Categorizado en: Ciencias de la educación

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