Alfabetizacion digital

Alfabetización digital , desigualdad y relaciones sociales

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13/08/2020

La reciente pandemia del Covid-19 ha dejado al descubierto algunas de las carencias de los sistemas educativos; reflejando sobre todo la necesidad de profundizar en una alfabetizacion digital crítica, que contribuya  a reducir las distintas brechas de acceso, uso y calidad en el uso de las TIC.

Aunque, en general, se suele afirmar que la implantación de las TIC´s ha contribuido a reducir el nivel de pobreza en distintos países, lo cierto es que aún hoy día podemos asegurar que toda nueva innovación puede venir acompañada de un proceso de desigualdad paralelo.

El término exclusión social, caído en desuso desde los años noventa, se ha venido sustituyendo paulatinamente por términos como “pobreza”, “vulnerabilidad” o “situaciones de riesgo”. Sin embargo, hablar de exclusión social, es hoy más pertinente si cabe que en épocas anteriores. Vinculada a procesos de alfabetización digital, la exclusión social puede darnos pistas de actuación, para afrontar las desigualdades derivadas del avance de las TIC´s.

Este período Covid-19 ha relanzado uno de los componentes más destacables de las tecnologías digitales, el elemento relacional. Este factor, las convierte en una herramienta cotidiana para mantener el contacto con nuestros seres queridos y construir puentes emocionales con otras personas, constituyendo lo que se ha denominado como TRIC (Tecnologías de la Relación, la Información y la Comunicación).

Pero, además de este componente relacional, en el ámbito educativo la aparición de otras potencialidades vinculadas al uso de las tecnologías como elementos de empoderamiento, participación, conocimiento y aprendizaje (TAC, TEP), puede orientarnos para promover la inclusión social.

¿Qué entendemos por exclusión social?

Entre otros aspectos el término exclusión social, entendido desde un enfoque dinámico, hace referencia a una trayectoria en la que se suceden distintas privaciones a lo largo de nuestras vidas. La exclusión no representa una situación estática, sino un proceso dinámico, variable en función del momento histórico, político, económico, social y personal.

No obstante,  el debate en torno al término de exclusión es amplio e interesante. Os invitamos a leer el artículo que os dejamos en este enlace, para comprender mejor las distintas conceptualizaciones y clasificaciones vinculadas a este término. La propia definición resulta complicada, en la medida que se trata de un término que ha servido para distintos propósitos políticos y económicos.

Trabajar la alfabetizacion digital

Para Amartya  Sen , la exclusión social puede considerarse como un cúmulo de limitaciones y/o barreras que imposibilitan a quienes la sufren, la participación ciudadana y social de forma efectiva en las sociedades de las que forman parte. La exclusión social, representa así una forma de pobreza ligada a las capacidades, para poder ser parte de la sociedad en alguno de sus ámbitos o espacios políticos, sociales, económicos o culturales.

Por otro lado, Robert Castel, en “La exclusión: bordeando sus frotneras”, nos llama la atención sobre el fenómeno como proceso generado por la propia estructura social y económica; invitándonos a analizar como desde quienes están de alguna forma “integradas/os” en la sociedad, se contribuye a la exclusión de otras personas o grupos.

Por lo tanto, y para finalizar este pequeño encuadre de la exclusión, quizás es importante que tengamos en cuenta que: una persona podrá estar socialmente excluida sin ser pobre. Sin embargo, si es pobre, siempre estará excluida de alguna forma.

TIC, exclusión social y alfabetizacion digital

La tecnologías de la información y comunicación (TIC), han contribuido a generar avances en nuestras sociedades. Avances que no hubiésemos imaginado hace tan solo unos 10 o 20 años.

Sin embargo, estos avances han venido acompañados de distintos retos, derivados de las brechas y desigualdades abiertas con el avance tecnológico.

Así, en una sociedad hiperconectada, dominada por la saturación de información y la ruptura de vínculos relacionales cercanos; en la que estar lejos de los seres queridos se convierte en una posibilidad; marcada por la necesidad de obtener un empleo, que nos permita alcanzar la mejor de las vidas vivibles, no dominar el nuevo lenguaje tecnológico, nos sitúa a cualquier persona un paso más cerca de entrar en un proceso de exclusión (sino, que le pregunten a Daniel Blake), más allá de estar más o menos lejos de aquello que es invisible, indecible o detestable.

La irrupción de las nuevas tecnologías, pone así de manifiesto la enorme desigualdad de acceso, vinculada a las posibilidades económicas y al propio desarrollo de distintas zonas geográficas. Es lo que se conoce como “Brecha primaria o de acceso”.

 El proyecto The inclusive Internet, liderado por Facebook y The Economist Intelligence Unit, aparece como un punto de referencia en cuanto a la inclusión de internet.

Sin embargo, como veremos en el siguiente apartado, la investigación ha demostrado que una mayor disponibilidad de herramientas y de acceso a la tecnología no está necesariamente relacionada con una mayor garantía de inclusión social.

Las otras brechas

La superación de esta primera brecha de acceso a las posibilidades tecnológicas, se presenta acompañada de un factor que atañe principalmente a la formación, el conocimiento y, en general, el proceso de aprendizaje vinculado a las tecnologías.

Tener un ordenador o dispositivo móvil, no garantiza la adquisición de competencias necesarias para su uso. “La brecha de uso o secundaria”,  pone así el punto de mira en la necesidad de una sociedad que eduque en y para el correcto uso de las tecnologías.

La ciencia advierte que abrazar lo que Morozov bautizó como “solucionismo tecnológico”,  desvinculándolo de la importancia del factor humano, así como de un profundo análisis ético de sus potencialidades, solo contribuirá a relanzar o mantener un modelo social que contribuirá a elevar las tasas de exclusión ligadas a aquellos colectivos de “trabajadoras y trabajadores del conocimiento”; asimilándolos como meros profesionales de servicios, forzados a renovar constantemente sus habilidades y compromisos con la empresa; cuando no buscar la aventura individual, en condiciones cada vez más cercanas a la (auto)explotación.

Pero, ¿Existe una Tercera brecha digital?. Algunas investigaciones destacan la existencia de una tercera brecha vinculada al desfase en torno al uso que de estas tecnologías se hace en las instituciones educativas; así como a las resistencias de entrada de las tecnologías en determinados espacios. Si la educación y alfabetización mediáticas quedan en manos de las grandes corporaciones, esta educación mediática estará, previsiblemente, orientada a satisfacer las necesidades que el propio mercado pueda demandar.

Proveer de herramientas tecnológicas como solución a los problemas generados por la propia tecnología, supondrá simplemente la huida hacia un proceso acumulativo sin fin, en el que las educadoras y educadores quedan a merced de una nueva “innovación” (tecnológica, por supuesto).

Alfabetización digital crítica

Cuando hablamos de alfabetización digital crítica e inclusiva, hacemos referencia a la necesidad promover un acercamiento a las tecnologías que construya personas autónomas, con capacidad para entender, analizar, cuestionar(se) y apropiarse de la tecnología. Un acercamiento que contribuya a promover un desarrollo social y económico de la tecnología que tenga en cuenta las distintas necesidades y posibilidades personales; atendiendo a los distintos usos posibles.

La alfabetización digital crítica y la educomunicación van más allá de la mera transmisión de contenidos ligados a las tecnologías como conocer y aprender a navegar o usar equipos informáticos. Desde la perspectiva educomunicativa, las usuarias y usuarios de la información asumimos un rol activo en el proceso comunicativo, promoviendo una lectura crítica de las nuevas innovaciones; así como reclamando una mayor participación en su desarrollo a través de la puesta en marcha de modelos más horizontales y democráticos de funcionamiento.

Se trata por tanto de poner en marcha estrategias que nos ayuden a (re)pensar la tecnología como un factor relacional y de empoderamiento como ciudadanas y ciudadanos, contribuyendo al desarrollo de sociedades más inclusivas.

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Categorizado en: Ciencias de la educación

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