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Hipertensión Arterial: “El asesino silencioso” (Primera parte)

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19/04/2013

La hipertensión Arterial, sin apenas presentar síntomas, sin ruidos, de manera queda y casi muda, es una de las patologías que más afecta a la población mundial en nuestros días con un pronóstico en alza en los años venideros. Se estima que alrededor de 600 millones de personas en todo el planeta padecen hipertensión  y que aproximadamente la mitad de ellas no son conscientes de su existencia dado su cariz prácticamente asintomático. Normalmente revisiones médicas en los puestos de trabajo o la toma casual de la tensión arterial ponen en  evidencia su presencia marcando un importante punto de inflexión en la vida de estos pacientes.

El apelativo homicida con que iniciábamos el artículo para referirnos a ella no es fruto de una casualidad ni producto de la búsqueda de  un título lo suficientemente llamativo que despertase  la atención del lector,  sino que refleja “ad litteram” el modo de proceder  de la hipertensión. La  elevación de forma crónica de la presión arterial que define a esta patología lleva aparejada una serie de graves consecuencias que aparecen al cabo del tiempo  y  que pueden acabar comprometiendo  la vida de la persona, y lo más curioso de todo, sin apenas darnos cuenta hasta que los resultados  fatales son más que evidentes.   Sus manifestaciones se inician con un  endurecimiento y engrosamiento de las arterias (arteriosclerosis) que dificultan el paso de sangre a su través y que desembocan en afecciones  de índole diversa  que abarcan desde episodios de infartos de miocardio, hemorragias o trombosis cerebrales hasta problemas de insuficiencia renal y rotura de pequeños vasos sanguíneos en el ojo que pueden conducir a la pérdida de visión.  La falta de prevención y diagnóstico precoz son factores decisivos que contribuyen a la muerte lenta y silenciosa de los órganos diana afectados por la hipertensión arterial, de ahí su vital importancia.

¿Por qué aparece la  hipertensión arterial?

Dentro del entramado  de vasos y capilares que conforman nuestro sistema circulatorio, el corazón es el encargado  de bombear la sangre. De esta manera,  el torrente circulatorio se mueve a través del citado sistema tubular produciendo un movimiento de empuje en las paredes de las  arterias que se conoce con el nombre de presión arterial, es decir, la fuerza con la que la sangre circula en el interior de estos vasos. El bombeo sanguíneo  se produce en dos tiempos determinando dos tipos de presiones: en un primer momento el ventrículo derecho del corazón se dilata para recibir la sangre (diástole), siendo la presión en el interior de las arterias menor (presión diastólica o mínima) y  a continuación se contrae (sístole) y expulsa la sangre hacia las arterias aumentando la presión dentro de ellas (presión sistólica o máxima).

¿De qué depende la presión arterial?

La  presión arterial depende así de dos factores: de la fuerza con que el corazón impulsa la sangre y de la resistencia que oponen las arterias al paso de la misma a su través y está regulada por varios mecanismos implicados como son la frecuencia cardiaca, la excreción  renal  y las variaciones  que se producen en el grosor de los vasos sanguíneos. Cuando alguno de estos mecanismos fracasa, aparece la hipertensión, que se traduce en una elevación mantenida en el tiempo de los valores de la presión arterial.

Clásicamente y atendiendo a la clasificación de la Organización Mundial de la Salud (O.M.S.) hablaremos de hipertensión cuando los valores de  presión diastólica estén por encima de 90 mm de Hg y de presión diastólica por encima de 140 mm de Hg.

Causas de la hipertensión arterial

El por qué fracasan estos mecanismos es algo que no está claro, existen factores como la herencia, el envejecimiento, el sexo (mucho más prevalente en hombres que en mujeres) y la raza (mayor incidencia en raza negra que en blanca) que parecen predisponer al procedimiento de la HTA y que no son modificables, pero también en su aparición influyen otros factores externos que forman parte del ámbito de los estilos de vida personales y que sí son susceptibles de cambio, jugando un papel a veces mucho más decisivo que los factores endógenos en la aparición de esta patología. Se trata de:

Sobrepeso y obesidad

el exceso de peso es un factor de riesgo de las enfermedades cardiovasculares relacionándose además con otras afecciones graves como son la diabetes y enfermedades derivadas del aumento del colesterol en sangre. Está demostrado que las situaciones de sobrepeso elevan la tensión arterial.

Exceso de sal en la comida

Este hábito provoca una alteración del equilibrio del sodio en el organismo favoreciendo la retención de líquidos y elevando la presión de las arterias.

Falta de ejercicio físico

El sedentarismo potencia de manera activa otros factores de riesgo en la HTA como son la obesidad, el aumento del colesterol en sangre…etc.

Estrés

Una emoción, disgustos o momentos de estrés mantenidos en el tiempo influyen de manera importante en la aparición de la HTA.

Consumo de alcohol

El alcohol en exceso eleva la tensión aportando además calorías vacías.

Tabaquismo

Su relación no está del todo clara, pero sí que es cierto que potencia la aparición de enfermedades cardiovasculares.

¿Pero podemos curar la hipertensión arterial? o por el contrario ¿será necesaria la instauración de un tratamiento crónico? Estas son algunas de las preguntas a la que daremos respuesta en la próxima entrada “Hipertensión arterial: el asesino silencioso. Parte II).

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Categorizado en: Ciencias del deporte

No hay comentarios

  1. 25/04/2013

    […] el post anterior, “Hipertensión arterial: el asesino silencioso” Parte I,  os contábamos en qué consistía esta patología y las causas y factores de riesgo responsables […]

    0

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