donar cuerpo a la ciencia

¿Donarías tu cuerpo a la ciencia?

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17/08/2016

Circula por internet una etimología de la palabra cadáver que, aunque inventada al parecer, resulta bastante ilustrativa. La palabra cadáver provendría del latín Caro Data Vermibus o lo que es lo mismo: carne dada a gusanos.

La muerte y el tratamiento que se da a los cuerpos una vez que han muerto son hechos  influidos y explicados por los sistemas socioculturales de cada lugar y momento histórico.  En nuestro entorno, tras la muerte, los cuerpos son enterrados o cremados. Existe sin embargo una tercera opción: donar cuerpo a la ciencia. El hecho de donar el cuerpo a la ciencia supone la cesión de tus restos a determinada institución, como por ejemplo una universidad, que podrá usarlos con fines didácticos o de investigación.

Donar cuerpo a la ciencia: la elección de muchas personas

Parece ser que la crisis aumentó las cifras de cuerpos donados, hecho explicado porque una vez que la institución acepta el cuerpo, los gastos de conservación y, posteriormente, sepultura, corren a cargo de dicho organismo, con el ahorro que esto supone para la familia. En todo caso, la decisión de donar tu cuerpo a la ciencia es voluntaria y, ante todo, altruista.

¿Cómo se puede donar  cuerpo a la ciencia?

Generalmente, el acuerdo para convertirte en donante de cuerpo se realiza entre la institución y la persona, quedando el consentimiento por escrito.

Existen unas limitaciones determinadas, como que la persona no sea obesa o extremadamente delgada o que no se padezcan determinadas enfermedades infectocontagiosas (como VIH o hepatitis B o C).

Las instituciones receptoras además se reservan el derecho de rechazar el cuerpo en caso de que su capacidad de gestión de cadáveres se encuentre sobrepasada.

¿Qué ocurre una vez donado el cuerpo?

Las universidades se hacen cargo del transporte y preparación del cuerpo desde el momento de la muerte. Generalmente, los cuerpos son tratados durante al menos un año, permaneciendo  sumergidos en piscinas de formol, glicerina y ácido acético. Aun así, existen algunos departamentos que comienzan a innovar con otras técnicas de conservación, más costosas, pero que consiguen que los cuerpos permanezcan blandos y flexibles, lo que facilita su uso con fines de investigación en cursos de postgrado o especialización.

Cada universidad tiene unas pautas de funcionamiento distintas, existiendo algunas en que la familia puede conocer el destino final del cuerpo del familiar e incluso recoger sus cenizas una vez que ha sido incinerado tras su utilización (pueden haber pasado hasta cinco años desde la muerte). En otras, el cuerpo será incinerado y trasladado a una fosa común junto con los restos de otros donantes.

Regulación

Aunque en España existe legislación estatal y autonómica sobre política mortuoria, cada facultad es realmente quien gestiona los cuerpos a su manera y bajo sus propios criterios. El consentimiento por escrito, firmado en vida por el donante, es la “garantía” que regula la relación entre la universidad y la persona que dona.

Es interesante en este sentido alejarnos un poco del caso español para acercarnos a la realidad de la gestión de cuerpos en otros lugares, como Estados Unidos. Allí proliferan empresas que cobran a instituciones por restos humanos, escudándose en el hecho de que lo que cobran es solo en concepto de transporte y gestión.  Aun así, resulta impactante que una facultad pague 200 dólares por un pie o 500 por una cabeza, alcanzando un cuerpo completo el precio de 3000 dólares.

En nuestro país, podemos afirmar que la donación  de cuerpo es algo altruista y generoso, que se realiza de forma voluntaria por consentimiento expreso del donante. Sin embargo, los tabúes siguen rodeando la muerte en nuestra cultura y aunque cada vez son más personas las que se animan a ceder de este modo su cadáver, queda preguntarnos a nosotros y nosostras mismas si nos convertiríamos en donantes de cuerpo a la ciencia en este momento.

Muchos de mis conocidos durante las pasadas semanas comenzaban respondiendo afirmativamente, pero tras contarles cómo se trataban los cuerpos y se utilizaban posteriormente, la mayoría se echaba para atrás. Quizás sucede que vivimos en una sociedad en que el cuerpo joven se considera mucho más valioso que el cuerpo viejo, arrugado y blando, más asimilable ya con la muerte que el primero, que parece imbuido de un extraño poder frente a la muerte y al que nos cuesta más imaginar flotando en una piscina de formol junto con otros cadáveres.

Como afirma Celia Vélez, directora del departamento de Anatomía y Embriología Humana de la Universidad de Granada, “la mejor forma de acercarse a la anatomía es a través de un cadáver” y muchas técnicas quirúrgicas avanzadas se ensayan en cadáveres antes de comenzar a aplicarse en la práctica clínica, con lo que el valor de la donación de cuerpo es inestimable para los vivos y las vivas.

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Categorizado en: Salud

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