Cigarrillos electrónicos: ¿“vapeamos”, sí o no?

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María Irene Pardo
Licenciada en Farmacia por la Universidad de Granada con un Master Oficial en Nutrición Humana y Master Universitario en Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanza de Idiomas. Cuenta con años de experiencia como especialista en áreas de Sanidad, Dietética y Nutrición.

Para todos es sabido que dejar de fumar no es fácil, y son muchos los que se aventuran a esta nueva experiencia con ahínco y determinación, buscando encontrar en el camino algún “samaritano” que le ayude a conseguir su objetivo. El cigarrillo de vaporenvuelto en un halo de supuesta inocencia y un cierto toque “glam”– hace algunos años hizo su aparición en escena aprovechando el nuevo nicho de mercado que se abría al hilo de la aprobación de la Ley Antitabaco, presentándose como una alternativa segura e inocua.

Es sorprendente cómo en muy poco tiempo se ha impuesto la moda del cigarrillo electrónico en nuestras ciudades- aceptándose “vapeo” como nuevo vocablo al uso y como “animal de compañía”-  donde de manera silenciosa avanza inexorable, extendiendo sus tentáculos comerciales en multitud de establecimientos, ávidos de encontrar una nueva clientela fija y fiel. Todos conocemos o hemos visto a alguien usando este dispositivo en la calle, y no hay día en el que no me sorprenda  encontrar un nuevo espacio de e-cigs en algún local que ha pasado a “mejor vida” gracias a esta nueva moda electrónica.

El vertiginoso crecimiento que ha experimentado su consumo ha hecho que no existiese tiempo material para regularlos dejándolos relegados a un limbo jurídico, que ha hecho que incluso aparezcan posibilidades de venta en comercios tan dispares como papelerías, quioscos y ¡hasta verdulerías!, haciendo que muchos de los potenciales consumidores se pregunten hasta qué punto estos productos están sometidos a algún tipo de regulación que asegure su consumo dentro de unas mínimas condiciones de calidad y seguridad.

La respuesta a estas nuestras cuitas, viene de la mano de la Directiva del tabaco, a la que ayer miércoles 26 de febrero, dio luz verde el Parlamento Europeo, y en la que entre otras medidas asociadas a este producto, se pretende poner fin a esta situación de “tierra de nadie” en la que se veían envueltos los cigarrillos electrónicos  hasta hace apenas unos días, dándole más claridad al asunto.

La Directiva persigue poner fin a esta desregularización presentando dos posibles opciones para estos dispositivos:

  • Regularlos como producto medicinales: sometidos por tanto al mismo  control que el de las especialidades farmacéuticas. Los fabricantes deberán justificar sus propiedades curativas o preventivas a las distintas autoridades médicas y comercializarlos como productos que ayuden a dejar de fumar o alternativa al tabaco, no pudiendo superar los 20mg/ml de nicotina. Asimismo, deberán ser seguros no pudiendo ser manipulados por los niños pequeños.
  • Regularlos como productos no medicinales: sometidos por tanto a la legislación del tabaco, prohibiendo su publicidad y venta a menores, con un contenido limitado de nicotina.

Esta segunda opción, pese a lo paradójico, se presenta como  la candidata más deseada por las industrias del sector, pues en primer lugar, en este documento no se establece limitación alguna sobre su uso en lugares de ocio, bares y restaurantes, quedando ésta a disposición de lo que decidida cada Estado miembro, y porque en segundo, aún no están muy claros los efectos que tienen a largo plazo los cigarrillos electrónicos, saltándose las alarmas de los posibles perjuicios que puede conllevar su consumo.

Cigarrillos electrónicos ¿buenos para la salud?

La respuesta a esta pregunta es relativa, como afirma el Dr. López Heras en su blog “Dr. López Heras 2.0”, el hecho de que los e-cigs sean buenos o malos dependen más que del dispositivo en sí mismo- que también- , del contexto al que va dirigido: no es lo mismo el caso en el que se emplean para reducir el consumo del tabaco en personas que no pueden dejar de fumar  (en el que el beneficio es comparación con seguir fumando es más que evidente) a que se venda como artículo para toda la población, incluido adolescentes y personas no fumadoras sin dependencia a la nicotina.

Lo que sí parece estar más claro, dejando a un lado a los destinatarios, es que los componentes del líquido de los cigarrillos electrónicos no son totalmente inocuos,  afectando tanto al “vapeador” como al sujeto pasivo, que de nuevo, al igual que ocurre con el tabaco, se ve expuesto a los efectos derivados de sustancias cancerígenas como las nitrosaminas y metales pesados (plomo, cromo, níquel), y sustancias como el propilenglicol, empleadas como anticongelantes de automóviles y que se han demostrado  contenidas en algunos dispositivos.

A todo ello se suma, que pese a su apariencia inicialmente inofensiva, los e-cigs pueden presentar una doble cara. Por un lado su estética atractiva induce a jóvenes a iniciarse en el mundo del tabaco, y por otro, su uso se relaciona con una importante dependencia gestual que hará más difícil el abandono definitivo por parte del usuario.

Sin duda, de todas ,la mejor opción es no fumar, eso está claro, pero al menos esta Directiva parece ponerle cara al asunto, despejando las dudas de si lo que consumamos sea algo parecido a un medicamento o más bien se trate de un análogo del tabaco, ni más ni menos.

Y es que ya saben lo que dicen: “el que avisa no es traidor”.

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2 Comentarios

  1. María Irene Pardo María Irene Pardo dice:

    ¡Qué cierto lo que escribe Leonor!

    El tabaco aparece como factor de riesgo en casi todas las patologías que azotan a nuestras sociedades hoy en día, por lo que una buena educación para la salud es la base para evitar que las generaciones venideras incurran en los mismos errores que sus antecesores. Fumar es malo y mata, y eso es algo que está más que probado en numerosos estudios, por lo que es realmente necesario que la gente se pare a pensar e intente reorientar su vida hacia caminos y opciones más saludables, que redunden no solo en un bien personal, sino en el de toda la comunidad.

    También es cierto, que para muchas personas dejar de fumar no resulta nada fácil, gracias a su componente adictógeno, la nicotina, por lo que aparte de las opciones que se ofrecen para dejar este hábito, es fundamental la predisposición y la fuerza de voluntad, como usted bien comenta.
    Aunque que sea difícil no quiere decir que imposible 🙂

    Muchas gracias por participar con su opinión.

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  2. dice:

    ES MUY IMPORTANTE QUE LAS PERSONAS QUE CONSUMEN Y NO PUEDEN DEJAR DE FUMAR, AL MENOS REFLEXIONEN Y PIENSEN EN SU SALUD, QUE SI NO LO TOMAN EN SERIO LO LAMENTARAN CUANDO QUIZÁS SEA MUY TARDE, SOLO PONER UN POCO DE SU PARTE,

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