Aceite de oliva virgen ¿extra?

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No es de extrañar que los resultados obtenidos por un estudio independiente sobre nuestro preciado aceite de oliva virgen extra desacrediten muchas de las más poderosas marcas del sector. Según este estudio, sacado a la luz por la Organización de Consumidores o Usuarios (OCU), Eroski, Hojiblanca en envase de plástico, Coosur, Ybarra, Consum, Arteoliva, Condis, Olisone, Aliada, Maeva y Olián no cumplen con la legislación vigente para tratar sus aceites virgen extra bajo esta denominación. En este caso en concreto, nutricionalmente hablando no es tan grave esta cuestión, pero se nos está engañando como consumidores. Esto si me parece más bastante más grave.

Las marcas afectadas, que son casualmente las grandes empresas de este sector, sacan las uñas para intentar verse lo menos perjudicadas posible y no perder la hegemonía que tanto les ha costado conseguir a base de buenas técnicas de marketing pero no tanto en cuanto a la elaboración de sus productos. En defensa de las entidades afectadas he de decir que la calidad de sus aceites no depende solamente de momento de producción, sino que ha de mantener una óptima conservación desde que sale de sus instalaciones camino a los supermercados hasta que llega a nuestros hogares, y bien es cierto que en la mayoría de los casos no se lleva a cabo pensando en la calidad del producto, sino pensando en abaratar costes para que los intermediarios entre los agricultores y nosotros se enriquezcan lo máximo posible. Aunque mi pregunta es… Si controlan tan claramente el sector, ¿cómo se les escapan estos detalles? ¿No será que de alguna forma se seguirán viendo beneficiados?

El aceite de oliva virgen extra se caracteriza por ser extraído exclusivamente mediante medios mecánicos, con unos valores de acidez por debajo de 0.8º y una calificación de 6,5 como mínimo en un panel de cata. Pero al fin y al cabo no es más que puro zumo de aceituna extraído de forma natural, y como todos los zumos, con el paso del tiempo pierde calidad, empeorando sus características organolépticas, niveles de acidez y valores nutricionales. Si a esto le sumamos una exposición inadecuada a la luz y el calor de los focos en supermercados o a la agitación del producto en el transporte, este deterioro se ve acelerado y acentuado.

A pesar de que esto ya es conocido por las empresas productoras, elaboran sus productos con la calidad mínima para que cumplan la legislación, con el riesgo de que el producto ofertado, el que compramos, no sea el mismo que el elaborado en su día. Las empresas que han apostado por la calidad y no tanto por los beneficios no han sido capaces de acceder al “top ten” de multinacionales del sector y normalmente se presentan como pequeñas productoras de un producto de gran calidad pero de precio más elevado, una muralla competitiva que se encuentran para poder colocar su producto de mayor calidad a la altura de los que ofertan las empresas que controlan el sector.

Para colmo, curiosamente la mayoría de empresas que se han visto perjudicadas solicitan que se estandaricen los resultados de los paneles de cata alegando que son muy dispares. La realidad, no les conviene que se midan los parámetros organolépticos para tener mayor libertad de fraude. Sin embargo, los pequeños productores se niegan rotundamente a tomar esta medida, ya que el punto fuerte de sus productos es que están realmente buenos, aparte de cumplir con el resto de exigencias.

https://youtu.be/QZwvREAQpe0

Desde mi punto de vista, me mantengo en mi pequeña lucha en contra de las grandes industrias que controlan la economía de los países más poderosos, centrándome especialmente en la industria alimentaria en este caso, pero sin olvidarme de la industria farmacéutica. Tanto una como otra son más poderosas de lo que creemos y poseen mucho más poder del que nos podemos imaginar. Lo más triste es que este poder lo han conseguido jugando con la salud mundial. En las altas esferas, el ciudadano de a pie no es más que un grano de arena dentro de un zapato, que ni tan siquiera molesta a la hora de caminar. En esta sociedad globalizada, el poder lo tiene quien controla el dinero… y ¿qué mejor negocio existe que la salud y las necesidades básicas del ser humano?

Espero que este post les ayude a reflexionar, no solo en cuanto al aceite de oliva virgen extra, sino desde una perspectiva más global. Espero sus comentarios y reflexiones.

Juan Carlos Benavente (Dpto. Sociosanitario)

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2 Comentarios

  1. natalia dice:

    hola me llamo natalia me ha encantado tu punto de vista q razon tienes ,pero por desgracia eso pasa con todo como bien dicesla industria farmaceutica q es a la cual tengo mas informacion y veo dia a dia un saludo

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    • Juan Carlos Benavente Juan Carlos Benavente dice:

      Hola Natalia! Muchas gracias por tu comentario. Me complace saber que comparte su punto de vista conmigo. No me cansaré de denunciar esta situación con los medios que estén a mi alcance, aportando mi granito de arena para mejorar la sociedad actual y la calidad de vida de sus ciudadanos. Espero que usted también lo haga para que, entre todos, consigamos un cambio generalizado.
      Un saludo!

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  1. 31/01/2013

    […] Por tanto, no es un problema de salud, las hamburguesas son seguras en este sentido, sino que se trata de un problema de calidad. Este hecho ha sido denunciado en más de una ocasión en otros productos que se consumen habitualmente en nuestro país. Éste es el caso del la leche, que en 2011 se denunció una falta de calidad en la mayoría de marcas del sector, hecho que también fue denunciado el 2012 en el aceite de oliva virgen extra (véase el post de nuestra Revista Digital: Aceite de oliva virgen ¿extra?). […]

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